Paúl Miguel Ortega González Ingeniero de Sistemas Paúl Miguel Ortega González home page:
Autor |_ - Blog Banner

inspirational

graffiti

Leer Más
Paúl Miguel Ortega González - La conservación y restauración del graffiti: un nuevo reto para la cultura contemporánea. - street_art_01.jpg

La conservación y restauración del graffiti: un nuevo reto para la cultura contemporánea.

Publicado por: Paúl Miguel Ortega González, en Oct 15, 2020

    A ojos de la sociedad contemporánea, el graffiti es en ocasiones mal visto e incluso perseguido por la ley, pero hoy en día se ha convertido en una expresión artística con valor cultural, digna de ser conservada. El debate que se genera en torno a la conservación o no de los grafitti parte del valor artístico que se reconozca a estas intervenciones de arte urbano.

   El graffiti como tal nació en los años sesenta en Filadelfia y se extendió rápidamente a la ciudad de Nueva York, vinculado a la cultura del Hip hop y del rap. Pronto saltó a Europa como fenómeno underground que se desarrollaba en las periferias de las grandes ciudades. En origen surgió como firmas o Tag, como una expresión espontánea e individual dentro de la marginalidad, pero hoy en día se ha transformado en intervenciones artísticas en el medio urbano relacionadas con el punk y el skate. Es decir, una versión edulcorada del graffiti, que ya no tienen un carácter marginal y pobre, sino que sus autores suelen ser artistas con formación académica cuyas intervenciones pocas veces rozan la ilegalidad, siendo fruto de algún festival o encargo institucional. Este tipo de creaciones artísticas son denominadas postgraffiti, destacando artistas conocidos internacionalmente, como el estadounidense Shepard Fairey, el francés Invader, el británico Banksy, o la norteamericana Swoon.

  Lo que en origen fue un fenómeno denostado y rechazado por su carácter ilegal y vandálico, se ha convertido en una intervención estética que da valor añadido a las ciudades, generando un creciente interés social, cultural y turístico. Artistas como Borondo, o Blu viajan por toda Europa dejando testimonio de su arte, llenan las calles de murales artísticos y crean la expectativa social de poder encontrar alguno de sus murales en cualquier lugar recóndito de cualquier ciudad, de cualquier país.

   Los postgraffiti crean un fenómeno de revalorización urbana, es interesante observar cómo se generan centros de atracción artística y cultural en zonas degradadas. Tal es el caso de Banksy, que comenzó a intervenir artísticamente en el barrio londinense de Hackney, un barrio en origen humilde, y que ha generado un movimiento de gentrificación cultural atrayendo a artistas y jóvenes creativos de la alta élite, y a los nuevos yuppies artísticos (foto 2). Vinculado a este fenómeno, en la capital británica, existe una comisión, vinculada al Barbican Center, que produce y encarga proyectos multidisciplinares en el este de Londres, lo que considera acciones de compromiso social, con la fuerte convicción de que el arte contribuye positivamente en nuestra vida cotidiana.

   Hoy en día, son muchos los ayuntamientos que organizan festivales de arte urbano convocando a artistas del Graffiti para realizar intervenciones artísticas que mejoren estéticamente zonas degradadas de las ciudades, como es el Under Pressure de Toronto, el ONO’U Battle en Tahití, o el Nuart en Stavanger, en Noruega. (En España destacan el Festival Poliniza en Valencia, o el Festival Asalto en Zaragoza)

   Por otro lado, el valor que adquieren estas manifestaciones artísticas ayuda a que muchos artistas callejeros den el salto al mercado del arte, alcanzando prestigio y reconocimiento social, cotizando sus obras sobre lienzo en museos y galerías, como es el caso de Banksy, Keith Haring o Stik, (al igual que ocurrió con Jean-Michel Basquiat en los años sesenta en Nueva York).

   Esta revalorización de zonas urbanas, no sólo es un tema cultural y estético, también se traduce en términos económicos. En este sentido, es interesante el caso de una casa de Bristol que tenía un mural de Banksy, y cómo aumentó por este motivo su precio de venta muy por encima de su precio de mercado. Pero esta revalorización es un arma de doble filo. Algunos murales artísticos comienzan a adquirir un alto precio de mercado y se empiezan a dar los primeros expolios, muros arrancados por equipos profesionales de restauradores para después venderlos en galerías. Es un tema especulativo, como el caso de la subasta de los graffitis expoliados de Banksy, procedentes de diferentes ciudades de Alemania e Inglaterra, que se vendieron por más de tres millones de euros sin la autorización ni la consulta del artista, fueron colocados sobre estructuras metálicas para exponerse en el lujoso hotel ME de Londres, en una muestra llamada: “Banksy robado” y después subastarse con fines benéficos (http://stealingbanksy.com).

Por otro lado, es muy difícil conservar de manera óptima el espacio urbano, sobre todo el graffiti que está expuesto a la acción de otros graffiteros, a las brigadas de limpieza, e incluso a la voluntad de los propietarios de los inmuebles cuyos muros hayan sido decorados, por ello es tan importante el registro y documentación de estas intervenciones como primer nivel dentro de la conservación, realizando el fotografiado y catalogado y conseguir así su permanencia en la memoria cultural de la ciudad. Es reseñable cómo se están creando proyectos internacionales de registro de murales contemporáneos, se trata de iniciativas que denotan cómo la sociedad va aceptando poco a poco este fenómeno y cada vez aumenta más la preocupación por su registro y conservación.

   Para la conservación y protección de este tipo de arte es necesario, en primer lugar el reconocimiento artístico que abra la puerta a la protección legal de estas obras ante el expolio y su desaparición. Es interesante mencionar cómo uno de los graffiti de Juan Carlos Argüello, uno de los pioneros en España, conocido con el pseudónimo: “Muelle”, ha sido declarado Bien de interés cultural, y por lo tanto está protegido por la ley por su valor histórico dentro de la época de los ochenta en la capital española. Un ejemplo de cómo esta manifestación artística ha adquirido un valor dentro de la historia y de la cultura contemporánea españolas.

   Por otro lado en Londres existe una Unidad del Graffiti, encargada de conservar y cuidar aquellos murales de artistas que han logrado fama internacional y sus obras se han convertido en iconos de la ciudad y en atractivos turísticos. Este organismo se encarga de colocar protecciones plásticas sobre ellos para evitar su degradación, (como los de Banksy, por ejemplo).

   En cuanto a la conservación, se puede optar por la protección directa o la recuperación por medio de la restauración, tal fue el caso de la restauración del graffiti más antiguo conocido hasta la fecha del artista parisino Xabier Prou, cuyo seudónimo era: “Blek le rat”. Se trataba de una obra creada en la ciudad alemana de Lepzig, llamada Madona con niño, que fue recuperada en 2013. Se eliminaron los carteles publicitarios que habían cubierto la imagen durante más de dos décadas, se limpió y se cubrió con un cristal protector que contaba una breve explicación de la obra, que estaba dedicada a la que fue su esposa. En este caso, es importante no sólo la restauración y protección, sino también la comunicación y difusión del valor de una obra con el objetivo de que sea valorada socialmente  .

   En otras ocasiones se ha optado por el Strappo para su conservación en museos o la realización de calcos, tal fue el caso de la obra de Keith Haring Todos juntos podemos parar el sida, que realizó en 1989 en el barrio del Raval de Barcelona, realizado sobre un edificio que posteriormente fue demolido.

   La cuestión radica en discernir qué es artístico y qué no, qué forma parte de un acto vandálico ilícito y qué obras forman parte de un proyecto artístico o de regeneración urbana. Más allá de que nos gusten o no, los graffiti, como expresión de nuestra cultura, forman parte de una identidad que nos pertenece a todos, que permanece en nuestro imaginario colectivo y que ha de conservarse para la construcción de nuestra memoria, la memoria de nuestras ciudades y la memoria de los que las habitan.

0 comentarios

Agrega un comentario